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martes, 28 de junio de 2016

Visiones perplejas

Simplemente estás ante una reflexión personal, no ante un intento hipócrita de dar pena. Te aviso de que si intuyes lo contrario puedes masturbarte en lugar de perder tiempo de tu vida en leer lo que viene a continuación. Aunque no lo parezca a simple vista, definitivamente puedo decir que he sobrepasado el límite de lo racional y la ambición me ha comido a mí mismo.

Hoy, día 28 de Junio de 2016, tras pasar dos días de las elecciones generales españolas donde el Partido Popular ha vuelto a llevarse la victoria, puedo decir que no me encuentro conforme. No es precisamente por el resultado político, con el que obviamente tampoco estoy de acuerdo (por detallar información), sino porque al levantarme he recordado lo duros y ambiguos que han sido mis últimos dos años, en los cuáles he sufrido problemas de diversas índoles. No me encuentro conforme con lo vivido en estos dos últimos años porque he estado “ciego”, sí. Al igual que los grandes líderes de los partidos políticos y de las diversas corrientes que pasan a lo largo de la historia, ha llegado el momento de recapacitar, pues cuando se sale de una mala racha es cuando se ve si realmente vales o no, y si en un futuro cercano sabrás qué es lo mejor para ti anteponiendo la razón al sentimiento.

El primero de dichos dos años estuvo caracterizado por el fracaso académico. Yo era alumno de nuevo ingreso en un grado de ciencias al que entraba con mucha ilusión y muchas expectativas. Entonces digamos que “estaba en las nubes”, todo era perfecto, estudiaría lo que me gustaba para trabajar en ello en un futuro y dedicar mi vida a la investigación en dicha rama. Pero no todo fue tan bonito como pensaba, pues conforme avanzaban los meses vi que no me sentía definido con dichos estudios. Uno puede pensar que es una tontería, que no pasa nada por equivocarte, que le pasa a mucha gente, que al siguiente año te cambias fácil a otra cosa y todo solucionado, pero no, no es exactamente así. Para empezar, yo soy de esas personas que no pueden tragarse y “vomitar” contenido si no sienten un interés mínimo por él, y también soy de los que no comprenden cómo otros dejan pasar su vida sin hacer nada, o simplemente condicionan sus elecciones a lo largo de su vida según lo que haga la mayoría, la llamada manada Ver cómo pasaban los días y no era capaz de estudiar lo necesario no era muy agradable, la verdad, pero lo peor no era eso, sino el ir a clase y sentir que no estabas, que hacías la misma función que una silla vacía, absolutamente nada, que en las prácticas registrabas las explicaciones del profesor porque sí, para simplemente no sentirte mal contigo mismo cuando sabías que lo mismo daba tomarlas que no debido a tu nulo interés. Tu generación avanzaba, tus amigos tenían dificultades pero finalmente se sacaban las asignaturas y terminaban más o menos contentos, llegaban las vacaciones de Navidad o Semana Santa y lo único que celebraba no era tener días libres para descansar, sino dejar de sentirme inútil por un tiempo yéndome con mis amigos a hacer algo, lo que fuese, no importaba el qué, y menos aún el dónde, pues con tener seguro que el cuándo fuese ahora me era suficiente.

La sensación de estancamiento que fui soportando día tras día, semana tras semana, mes tras mes, para nada fue intensa desde un principio. Digamos que fui sumando niveles conforme avanzaba el tiempo, pasando de una agradable introducción a un complicado desarrollo y a un arrollador final. El apoyo familiar y sentimental que tenía en esos momentos para mí era muy importantes. Aunque no consiguiesen quitarme las penas, la llegada del fin de semana era algo maravilloso. Además, en dicho año también me saqué el curso de árbitro de fútbol sala, el deporte al que siempre he jugado, y aunque parezca mentira para mí era una forma de completar mi tiempo libre, de desconectar en una rutina plagada  de insatisfacción, pues disfrutaba sabiendo lo que iba a conseguir (un trabajo en los fines de semana para sacar algo de dinero de este país de mierda donde mi padre se tiene que recorrer España para conseguir un trabajo pagado de aquella manera).

Terminó el fracasado año académico y me sentí liberado, más al conseguir aunque fuese con notas mediocres que no me quitasen la beca dada y poder pagarme el siguiente año de estudios (debido al cutre sistema becario actual que quiere justificar las altas tasas que hay que pagar en la universidad), el que he acabado recientemente. A partir de Marzo, tras un brote de desesperación frente a los continuos ánimos de mis abuelos en una cena familiar típica para seguir, tuve claro que debía salirme y comenzar mi carrera profesional en otra parte, investigando entonces tanto módulos superiores como grados universitarios uno a uno para no volver a caer en el mismo error. Que me gustase era lo principal, claro está, pero todos sabemos bien que lo económico prevalece sobre lo demás en una sociedad capitalista y que no podría soportar repetir la misma situación.

Llegó el verano y me esperaba lo mejor: volver a sentirme bien como lo fui al acabar selectividad. Pero no iba a ser tan fácil, pues en ese verano pude presenciar la ruptura de mi grupo cercano de amigos. Poco a poco fui viendo cómo un grupo de colegas formado por personas distintas pero complementarias se fue desintegrando, mayoritariamente por las críticas de un pequeño sector, además de por la falta de actividad y pasotismo de otro, el cual no tuvo en cuenta ni dio importancia a la situación durante una gran cantidad de tiempo. Entonces me planteé cómo solucionar lo que estaba pasando, intentándolo de cualquier modo pero inevitablemente viendo que todo iba a acabar mal. La solución por lo tanto fue aislarse y formar un grupo de menor número pero más unido. Acababa el verano y en su mayoría había sido otro fracaso más.

Por ese tiempo yo ya había entrado al grado que había considerado oportuno tras informarme bien de todo, con la ayuda de algunos conocidos. Había pasado por dos fracasos en dos ámbitos diferentes: el académico-profesional y el de la amistad. No obstante, me sentía recuperado porque todos sabemos que cuando algo cambia debe de ser para mejor. Entramos entonces en este último año, donde académicamente ha ido de lujo y donde he logrado forjar un buen grupo de amigos nuevos, o más bien dicho dos grupos de amigos (cada uno de su rollo pero igualmente efectivos y agradecidos). ¿Qué podría pasarme entonces? Si había logrado solucionar mis problemas anteriores, ¿ya nada podría darme un bajón tal y como experimenté tiempo atrás, no? No, no estaba en lo cierto. Cuando menos te lo esperas pierdes lo que más unido tenías en ese momento, y no me refiero a mi familia, que por supuesto es el pilar fundamental de mi vida y me alegro muchísimo de que esté estable y feliz, sino a la relación sentimental que había tenido hasta ese momento, comenzada justo cuando mi calidad de vida fue a peor. Con esto no quiero decir que con dicha persona estuviese peor, sino que dio la casualidad en el tiempo y debido a ello adquirió un plus de valor al ser un método de escape de mis malas sensaciones con el día a día. Otra vez en el mes de Marzo se había torcido mi vida.

Pese a todo, y como he mencionado al comienzo, aunque no lo parezca a simple vista, definitivamente puedo decir que he sobrepasado el límite de lo racional y la ambición me ha comido a mí mismo, me repito en el error. Esta es la frase con la que hoy me he levantado, pues creo que he conseguido saber qué es lo que me ha pasado. Todos los FRACASOS tienen algo en común, y no es más que la dificultad que he tenido para superarlos. Durante mucho tiempo he intentado encontrar la causa y razón de cada uno de ellos en la otra parte del problema, la que no depende de mí, la cual es imposible de solucionar por esto último. Este ha sido mi error, al igual que el error con el que he comenzado la reflexión del partido político ganador, y no es más que querer que los demás hagan lo que tú crees correcto, cuando por muy maduro o sabio que seas nunca conseguirás formular palabras ni llevar a cabo actos por parte de otra persona que no seas más que tú mismo.

Hoy puedo decir que basta ya, que ya me he cansado de perder el tiempo. Basta de llorar dos o tres veces a la semana por un sistema mal organizado donde los profesores de la universidad generalmente no tienen más ambición que la de dar su clase e irse rápidamente a la cantina a tomarse algo, contando los días que quedan para terminar el mes o que lleguen las vacaciones, menospreciando a sus alumnos y a la par su ilusión por aprender. Basta ya de darle tanta importancia al éxito académico numérico y a las universidades idolatradas donde si no pagas tu tasa y llevas vida universitaria te quedas atrás en el ritmo de vida al que estamos acostumbrados los jóvenes de hoy en día, lo popularmente conocido. Basta ya de intentar solucionar los problemas de otros, queriendo llegar a acuerdos con las espinas creadas para mantener una amistad grupal fuerte, viendo cómo al final todo se derrumba porque la base está mal construida no por la falta de material, sino porque otros se esmeran en destruirla mientras tú te arrastras para intentar salvar el edificio. Y por último basta ya, para terminar, de estar ciego, de ser tan bueno con los demás, con las llamadas “personas especiales” aunque no te lo demuestren del todo debido al dejarse llevar por lo que sientes que se traducen nada más que en torturas mentales diarias e impedimento del disfrute del presente. Por mi parte, insisto, intentaré formarme en lo que considere necesario y útil para mi vida, pasando de la ambición por ser algo en la vida al disfrute del día a día con lo que hago, y también haré (no intentaré esta vez) que quien tenga un mínimo interés por mí lo muestre con los detalles que marcan la diferencia, no refugiándome en esos falsos mitos que nos inculcan desde que somos pequeños.

Podría comparar esta situación fácilmente con la actual democracia española, donde solamente el título, la fachada, nos hace creer que es perfecta, que todo lo que se lleva a cabo está bien hecho porque tiene una bonita portada y una caligrafía estupenda. Pero no, no es así, ya que se sabe si las cosas son buenas y merece la pena luchar por ellas cuando las conoces desde dentro, tanto en cualquier sistema como en cualquier persona. Esa es la lección, la moraleja que he sacado en estos dos años que potencialmente me han cambiado, espero que a mejor. Ahora toca disfrutar del camino a nuevas ilusiones, nuevos objetivos y nuevas metas, pero con las experiencias anteriores bien aprendidas para no fracasar otra vez y conseguir lo que más me ha fallado hasta ahora y hubo un tiempo que perdí, la seguridad en mí mismo, eje de todo lo que hago.


Como conclusión, quiero dedicar la reflexión que he hecho a una amplia variedad de personas que pese a lo que me ha ido ocurriendo me han demostrado que merecen la pena tanto con palabras como con actos, pasando de un segundo plano a un primer plano, y también manifiesto mi descontento con aquellas que han ido de manera inversa. Cualquier conocido que lea esto sabrá qué lugar ocupa. Hago especial mención al lugar que ocupa mi gran amigo José Antonio Manda. No solo tú me has dado razones para confiar en alguien, pero sí eres el único que ha logrado comprenderme, apoyarme y ayudarme en la medida en la que has podido en los diferentes episodios que me han ido ocurriendo a lo largo de mi vida desde que nos conocemos. Te deseo lo mejor en tu vida, aquí estoy tanto para las buenas como para las malas.


martes, 19 de abril de 2016

SERES MOVIDOS POR IMPULSOS

Todos, o casi todos, hemos experimentado alguna vez ese sentimiento de afecto hacia una persona ajena o no a nuestro día a día. Son muchas las formas de encontrarnos con alguien que nos atraiga, ya sea por medio de trabajo, de estudio, o simplemente por mera coincidencia en un sitio concreto en el momento exacto de nuestra vida. No vengo a hablar de cómo hay que enamorarse (si bien se debería definir así al sentimiento de deseo sexual hacia otra persona, el cual no lo veo rentable para un diccionario), sino que me dispongo a que reflexione conmigo sobre cómo ha de llevarse una relación con una persona subjetivamente especial, lo cual es muy complejo y depende mucho de cómo sea cada uno. Tenga en cuenta que es una opinión personal como cualquier otra y puede estar sujeta a malas interpretaciones y errores. Allá vamos.

Digamos pues que en lugar de enamoramiento lo que surge es una atracción intensa simplemente, o progresiva según el caso dado. Es obvio que en los primeros contactos nuestro pensamiento gira en torno a esa otra persona, lo cual no es nada “sano” digamos. No obstante, esto es inevitable si realmente te gusta. Somos seres razonables dominados por los sentimientos al fin y al cabo, y eso nos lleva a tender hacia el pecado (o a lo inmoral para los cabezones de la religión y la lengua) en muchas ocasiones. La diferencia entre cada relación y entre cada ser humano al fin y al cabo reside en cómo progresa en su mente dicha relación cuando ya se ha superado esa primera fase de noviazgo tan novedosa como a la par intensa. Todos conocemos el típico caso de la pareja pegajosa, no nos hagamos los tontos. Si no lo conoces deberías salir más de casa y conocer a más gente. Esa pareja que deja a sus amigos de lado fingiendo un sentimiento de compensación basado en la mentira, queriendo unir en una persona a dos personas con vidas totalmente independientes que por mucho que se peguen no se van a unir. Sí, las parejas que se chupan entre ellas, las parejas que se quitan más vida de la que se dan, que quieren vivir sumergidos en una mentira intermitente el resto de su vida (aparentemente). Mi opinión es que esas relaciones están orientadas al fracaso ya sea en poco o en mucho tiempo, pues un ser humano como primer fin debe buscar la mejora de su naturaleza, su riqueza como persona, y el proporcionarle a otra persona un control injusto sobre ti no es viable. Está claro que con esto no quiero decir que querer a otra persona sea malo, o sea un sentimiento negativo, no tenemos que confundir lo que estoy describiendo con las parejas que han conseguido un grado de conexión tan extraordinario que se completan la vida uno al otro. Totalmente al contrario, es buenísimo, pero como todo, es favorable hasta cierto punto. En el término medio está la virtud, como diría Aristóteles.

Otro caso frecuente es la relación de pareja puramente atractiva basada simplemente en desfogarse de la rutina cuando se ven. En este caso estamos hablando de un error mucho más grave que en el caso anterior. Si nos viésemos sumergidos en una relación de este calibre, solamente bastaría con pararnos a pensar un momento para ver cómo estamos usando a la otra persona como si fuese un utensilio, como un objeto más al que tenemos fácil acceso, olvidándonos por un momento de que los objetos siempre están ahí pero las personas no, las personas se acercan y se alejan constantemente de nuestra vida. Muchas personas ven este caso como algo normal, como algo moderno, como algo a lo que hay derecho porque todos somos libres y conscientes de lo que hacemos. No, señor/a, a lo que yo me refiero es a la despreocupación que significa una relación así, pues no olvidemos que no estamos hablando del popular término “follamigos”, sino que nos ponemos en la situación de dos personas que “quieren quererse” a través de una portada puramente física. Claramente se preocupan por ellos, pero no por su relación sino por la visión que tiene el resto de la gente por susodicha. Pero bueno, las personas que suelen caer en este error están acostumbradas. Total, se pasan así toda su vida normalmente. Yo estoy completamente a favor de intentar una relación con cualquier persona porque para ti está bueno/a, en eso no hay problema, pues la primera impresión siempre es 100% física, y quien diga lo contrario miente ya que somos animales al fin y al cabo. Pero cuando entramos en el llamémoslo segundo nivel es donde confirmamos si realmente sentimos atracción por esa persona, conociendo su personalidad y su forma de ser. Son muchas las relaciones que perduran gracias a esto. Al fin y al cabo, un pene acaba cayendo, unas tetas acaban caídas, los culos empeoran, la cara envejece, y lo más importante es que nosotros no queremos pasar el resto de nuestra vida con alguien a quien detestamos ver. La esencia está en la conexión mental, cuando solamente con mirar al otro tenemos claro que los dos nos valoramos mutuamente, pues cuando una persona da más en la relación que su pareja nos enfrentamos ante un problema común muy palpable orientado a la confusión y al error, salvo en contadas ocasiones donde todo se arregla. Sin embargo, no preocuparse por cómo concebir una relación y malinterpretarla para usar a la otra persona como medio para conseguir un fin de placer, a largo plazo nos va a perjudicar. Somos seres que nos movemos por costumbres, por valores morales (siempre tendremos excepciones, está claro, pero hablo de forma general), por caprichos. Una relación comienza siendo un capricho, pues estarás de acuerdo conmigo con que catalogarlo de necesidad sería algo aberrante. Pero cuando ese capricho se convierte en costumbre es cuando algo falla, cuando algo lo estamos haciendo mal. Con esto pasamos así al tercer caso, el de las personas que necesitan una relación, que dicen o aparentan no poder estar solas.

Nuestro tercer caso es el que más me aterroriza, pues influye y empeora casi siempre la vida de cualquier ser pensante. Las personas, ya sean chicos o chicas, independientemente del sexo, de la edad, o de la etnia, que sienten la necesidad de tener una relación presente en su día a día son las que pecan a la misma vez de costumbre y de capricho, pero en este caso de una peor forma, pues se hace sin un pensamiento razonable previo. Cuando salimos a la calle vemos de vez en cuando a la típica persona de muy buen ver con el que nos daríamos un revolcón si se diese el caso y nadie lo supiese, hablando desde el instinto animal. Es tarea de nuestro cerebro darse cuenta de que tenemos algo que nos diferencia de los animales, que es la capacidad de reflexión y síntesis sobre cualquier cosa, sea en el caso que sea. Tenemos que saber lo que nos merece la pena y lo que no. Si todos nos guiásemos por sentimientos abstractos y por instintos, nuestra sociedad sería muy mecánica al estilo del libro “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, donde no hay ningún problema en tener una relación por probar, aunque a priori creas que no te va a gustar, e incluso se vea mal el no aceptar esta situación.

Con todo esto quiero llegar a la siguiente conclusión: para poder conocer a una persona primero debemos comenzar por conocernos a nosotros mismos. ¿Qué soy? ¿Cómo soy? ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿En qué podría ser de gran utilidad? ¿Estoy haciendo lo correcto? Después nos podríamos empezar a plantear un conocimiento profundo del prójimo. Estamos ante un problema muy grave: infinidad de personas buscan completarse conviviendo con una persona que complemente con él o ella, incentivando a su vez y prejuzgando una manera de ser de otra persona que debe de coincidir con lo que yo pienso que debe ser. Necesitamos valorar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos. Necesitamos amar lo que hacemos y dejarse de tanto amar a otros solamente. Tenemos que amarnos a nosotros mismos para poder amar a los demás, pues si no tenderemos a caer en el caso de la pareja pegajosa que se necesita constantemente para poder sentirse definidos en este mundo, ya que por separado siempre les va a faltar algo. Falta gente que valore lo que hace, que ame lo que hace, lo que dice, lo que piensa, y que esté orgulloso de ello. Hay que acabar con la “raza” que se ha creado en el siglo XXI del personaje en busca de la relación perfecta, el trabajo perfecto, con la familia perfecta. ¡Es imposible y no nos queremos dar cuenta! ¡Lo único que se puede intentar perfeccionar es a uno mismo, y aun así no se consigue tan fácil! Voy a terminar animando a los que han leído este artículo-reflexión a que nunca se encierren en un pensamiento, a que duden de lo que les gusta, que duden de su sexualidad, de sus costumbres, de su trabajo, de su familia, pues no siempre lo que hace la mayoría es lo correcto, y ni mucho menos hay que dejar que cuando muchas personas dicen una mentira esta se convierta en una verdad. Nacemos prejuzgados por la sociedad que nos rodea, la cual siempre nos quiere limitar a lo largo de nuestra vida. Ser diferente está mal visto, ser distinto a mucha gente le da asco. No tenemos por qué aguantar a una persona a lo largo del tiempo si esta no se merece nuestro cuidado, y por lo tanto para evitar esta confusión no debemos de seleccionar por seleccionar a nadie para confrontar una relación sentimental, ni tampoco cerrar nuestras puertas a nada.

Disculpen la trascendencia que ha tenido mi escrito, pasando del tema del amor a una temática más general abarcando trabajo, familia, salud, amigos, etc. Solo quería poner el amor de excusa para entrar en puntos más importantes le pese a quien le pese, que siempre serán la definición de uno mismo y la búsqueda de la felicidad individual, por muy sociales que seamos. Amen lo que hacen, y elijan bien a quién y cómo amar… ♥



domingo, 13 de septiembre de 2015

Aldous Huxley, condicionamiento neopavloviano y pequeñas dosis de romanticismo quijotesco


                

Si por algo se han caracterizado hombres como George Orwell, Ray Bradbury o Aldous Huxley y les han hecho merecedores de recuerdo por parte de cada nueva generación de lectores es, además de por un indudable e indiscutible talento literario, por su impresionante carácter profético. Y es que, tras haber leído las tres grandes distopías de mitad de siglo anterior, puedo afirmar que grandes figuras proféticas como Moisés o Mahoma se quedan a la altura del betún en comparación con esos tres escritores en lengua inglesa. Pero hoy será Aldous Huxley el objeto de discusión y análisis, quizás otro día yo o mis compañeros os hablemos de los otros magníficos autores que mencioné a principio de esta entrada.

Aldous Huxley es uno de esos escritores cuyo nombre va obligatoriamente unido al de una única obra. Al igual que Cervantes es conocido en el mundo entero por la autoría de Don Quijote, el británico lo es por su novela Un mundo feliz. No estoy diciendo que obras como El tiempo debe detenerse o las puertas de la percepción (tampoco las he leído) no sean de calidad comparable a la mencionada antes, pero es irrebatible que no hay obra suya que haya causado mayor impacto en la sociedad y que haya dado tanto de qué hablar, incluso todavía hoy, y de la que estoy seguro que también dará en un futuro de qué hablar. Y es lo que tienen estas obras de extraordinario carácter profético, que conforme pasa el tiempo, cada vez son más actuales, ya que podemos encontrar un mayor número de aterradoras coincidencias entre nuestro mundo actual y los universos futuristas (en su tiempo) que crearon tales escritores.


Al igual que en la distopía orwelliana 1984 se nos presenta un Londres tan futurista como horrendo, A brave new world (título original en inglés) no se queda atrás. Pero si bien el universo que propone Orwell en su obra es un partido férreo y dictatorial que utiliza todo tipo de técnicas de manipulación del pensamiento y de control social para asegurar el poder y evitar una hipotética revolución, la sociedad descrita en el libro de Huxley no está exenta de vomitivas características y de un infausto destino para los habitantes de esta. Ahora bien, es bastante diferente a la Oceanía que controla el Big Brother. Narra un mundo en el que los habitantes son procreados in-vitro como si de una cadena de montaje se trataran. Y es curioso que en ese mundo distópico tengan como dios a Ford, ya que la sociedad allí es creada a imagen y semejanza de cómo se fabrica un coche según el modelo de producción en serie taylorista, o como ya he mencionado antes, como si de una cadena de montaje se tratara (No sé si eso es mera coincidencia o fue hecho intencionadamente por Huxley). Existen cinco “castas”, clases sociales por llamarlo de otra forma, en jerarquía de mayor a menor importancia y rango: Alfas, Betas, Deltas, Gammas y Épsilon; y cada una de estas clases sociales será condicionada mediante un progresivo programa de lo que se conoce como condicionamiento clásico  o pavloviano (De hecho, ya en el libro se conoce como Condicionamiento neopavloviano). Por si no conocen en qué consiste el experimento de los perros de Pavlov, les dejaré un vídeo al terminar el párrafo (También quedaría decir que un experimento similar se intentó hacer con humanos, que es lo que se conoce como El experimento del pequeño Albert, pero ya dejo a gusto del lector el informarse sobre ese tema). Cada clase social será condicionada para el tipo de trabajo que realizará y para hacer y “pensar” lo que corresponde a su casta. Por si fuera poco, además del condicionamiento pavloviano, también utilizan un desarrollado sistema de aprendizaje hipnopédico, que consiste en repetir cientos de veces mientras el sujeto duerme una serie de aforismos correspondientes a lo que se espera de su clase social. Finalmente, como si de una receta de cocina se tratase, a los 20 años aproximadamente ya estará listo el sujeto en cuestión, hará, pensará y dirá aquello para lo que ha sido condicionado durante años, y si empieza a notar algo humano como sentimientos de afecto, por ejemplo, una pastilla de soma lo arreglará todo, que es una especie de droga alucinógena y placeba para controlar, aún más si cabe, cualquier posibilidad de error. En otras palabras, los humanos de esa sociedad son seres sin libre albedrío, que repetirán una y otra vez aquellos aforismos que se les repitieron hipnopédicamente durante años y sin capacidad de pensar más allá de para lo que han sido procreados, entregándose a los placeres banales y absurdos del soma, el golf electromagnético, el sexo sin posibilidad alguna de procreación, el sensorama y al agua de colonia. Y, además, instituciones fundamentales en una sociedad como la nuestra tales como la familia o el matrimonio ahí están completamente abolidas, “todo el mundo es de todo el mundo”, y por supuesto, leer a Shakespeare o ver películas de Ingmar Bergman es algo completamente imposible, muy pocos conocen la existencia de tales sujetos y evitan que sean conocidos por el vulgo.

Sí, tanto como si has leído un mundo feliz o como si solo has leído el párrafo anterior,  lo descrito en ese libro o en ese párrafo es completamente aterrador. Pero seguramente lo que mucha gente piensa es que afortunadamente, es solo una obra de ficción redactada por un escritor de maravillosa inventiva. Y lo que quizá ustedes consideran una creación de una maravillosa inventiva, yo lo considero un acto profético (obviamente sin olvidar el mérito literario de la obra) cuyas primeras consecuencias están teniendo lugar en mi generación actual (y quizás ya mucho antes)


¿Que si estoy loco, que si exagero, que si debería daros el número de mi camello? Pues es posible, pero, sincera y francamente, yo no creo que esté equivocado en lo que estoy diciendo. Un mundo feliz presenta varias temáticas que son muy de actualidad y que hará reflexionar al lector hábil y que sepa que ese libro no es solo pura ficción sobre ellas. Mucha gente me ha comentado, incluso profesores han hablado de ello hacia toda una clase, sobre los peligros de la manipulación y la ingeniería genética, usando como contexto y ejemplo el libro que hoy es sujeto de debate. Y efectivamente, esa es la principal cuestión que al lector de Un mundo feliz le vendrá a la mente, cuestión importantísima y que daría para una harta discusión. No obstante, primero hablaré de otras cosas como lo son el condicionamiento clásico.  En la obra se hace de forma directa, en salas dedicadas exclusivamente a ello como parte de esa cadena de montaje fordiana, pero en ese Londres futurista todo el mundo sabe que es condicionado y se considera que es lo que se debe hacer y que eso es lo bueno. Sin embargo, nosotros, actualmente, mi generación (y quizás la de mis padres) empezamos a estar condicionados desde bien pequeñitos. Es un condicionamiento mucho más sutil que el de la distopía de Huxley, un condicionamiento silencioso, un condicionamiento tan discreto y cauteloso que muchos individuos morirán sin saber que durante toda su vida han sido burdos sujetos del actual circo (ni siquiera ostenta a llamarse teatro, no quiero ensuciar su nombre) del que somos pésimos malabaristas. ¿Dónde empieza tal discreto condicionamiento y quién se encarga de ello? Simplemente hay que echar un vistazo al mundo actual,  simplemente hay que observar, no ser ciegos como en la célebre novela de José Saramago, gente que se queda ciega de repente pero que luego resulta que fueron ciegos toda su vida, incluso cuando tuvieron intacto el sentido de la visión. Vivimos en un país gobernado por políticos ineficientes y caracterizados por una funesta mediocridad, los cuales (muchísimas veces subordinados a los intereses de las grandes empresas) utilizan sus mejores armas para este condicionamiento: los medios de comunicación. Somos bombardeados por parte de los políticos y las grandes empresas con, información manipulada y discursos populistas y demagógicos por parte de los primeros, y con publicidad pavloviana por parte de los segundos. Por poner un ejemplo sobre lo primero, la semana pasada, ayudando a mi tío a coger almendras, estaba yo escuchando Radio Nacional por la mañana, y en la tertulia, todos, absolutamente todos los participantes estaban en contra de la independencia de Cataluña. No voy a emitir juicio alguno sobre esa cuestión, pero lo más normal, lo digo yo y lo dice cualquier persona medianamente cuerda, es que en un debate que pueda hacerse llamar serio y honesto, ha de haber deliberantes de todo tipo de ideologías políticas y que no estén de acuerdo en la mayoría de cuestiones que se planteen. De ahí viene el que cada vez que hablo con una persona sobre el tema de la independencia me sueltan una sarta de insultos y odios hacia el pueblo catalán sin emitir un razonamiento coherente (y que conste que esto pasa en Cataluña también pero a la inversa, y también se puede estar en contra de la independencia pero dar argumentos sólidos y de peso como también hace gente). ¡Bravo! Han hecho bien su trabajo. También somos condicionados mediante la publicidad y el cine (y del cine ya hablé en una entrada pasada mía), todos queremos ser ricos, enamorarnos perdidamente de la mujer de nuestra vida y conquistarla tras miles de dificultades típicas de pésima película de domingo por la tarde en cualquier canal de la caja tonta, tener un cuerpo perfecto y ser como lo son nuestros ídolos de televisión o cine. En otra parte, una serie de almas diabólicas chochan los cinco por el buen trabajo hecho y se limpian el ano con billetes morados, riéndose de nosotros, que nos importan tres rábanos derechos que nos han sido suprimidos u otros que poco a poco van siendo suprimidos mientras sufrimos porque una muchacha no nos ama, nuestro equipo va tercero en liga o porque la poli ha cambiado la zona autorizada de botellón en el pueblo a una más incómoda. Y si tuviera que recalcar y hacer énfasis en dos características del condicionamiento del que somos parte, esta sería la resignación y la pasividad. Menciono esos dos adjetivos debido al hecho de que cuanto más hablo de política con jóvenes (e incluso con adultos) más común me es oír: “Pero Rafa, no podemos hacer nada, los políticos son unos hijos de puta y esto es así, España siempre ha sido así” o su variante nihilista: “Ya empiezas, Rafa, con tus tontunas de política, a mí me la suda lo que hagan esos cabrones, mientras yo sea feliz qué más me da la política”.


Y efectivamente, algo que me llama muchísimo la atención es que en los tiempos que corren somos muy felices, demasiado felices. Y es que es verdad, somos felices, pero felices a la misma manera en la que eran felices los habitantes de esa ridícula sociedad distópica creada por Aldous Huxley. Ellos tendrían el golf electromagnético y el sensorama, pero nosotros tenemos incluso todavía más vicios banales y absurdos. Mientras somos condicionados neopavlovianamente y somos privados de nuestro libre albedrío, no somos conscientes de aquello último y nos entregamos a placeres insulsos (al menos para mí) como lo son las ridículas fiestas actuales (en otras palabras, los macrobotellones), la televisión, el cine (y con cine me refiero al cine comercial utilizado como instrumento de dirección del poder, no a genios como Ingmar Bergman, Stanley Kubrick, entre otros, y sus obras maestras) y las redes sociales. Somos muy felices, amigos míos. Todo eso por lo que el ser humano ha trabajado y luchado durante siglos, la democracia, la filosofía, el arte; todo eso está siendo rebajado al nivel de la mierda, y nosotros, paradójicamente, somos más “felices que nunca”. Os puedo asegurar, como joven que soy, que leer es algo que está incluso mal visto en mi generación. Lo que más se lee son libros de dudosa calidad literaria, y los grandes clásicos como Shakespeare o Cervantes están vistos como algo antiguo y aburrido. Pronto llegará el día en el que cuando uno lea Don Quijote se le pregunte que de qué trata ese libro. Además, poca gente disfrutaría de películas como Fresas salvajes, Furia, o, por poner un ejemplo actual que salga de las directrices del cine comercial actual, Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia. Todo lo que sea pensar o darle un poco de movimiento a los tejidos cerebrales y neuronales impide ser feliz, al igual que en la obra del autor inglés.


Que conste que para el lector que no haya leído Un mundo feliz y que tras leer estas líneas le hayan entrado deseos de proceder a su lectura que no voy a hacer spoiler alguno. Solamente diré que a lo largo de la obra aparece un personaje conocido como Mr. Salvaje con el que en cierto modo me sentí, en parte, identificado. Fue el único que se dio cuenta de la falsa felicidad que rodeaba ese mundo y que intentó hacer algo por cambiar. Era, al fin de al cabo, ese caballero andante que salió con su lanza en mano movido por unos bellos ideales dispuesto a repartir justicia por el mundo y que se da de bruces contra el enorme muro que es intentar hacer algo justo y honesto en la vida. Quizá Cervantes fuese el primero en darse cuenta de ello. Aldous Huxley encarna en Mr. Salvaje el espíritu idealista del Caballero de la Triste Figura. Incluso podría decirse que Un mundo feliz es una sublime y breve “reescritura” de Don Quijote adaptada a los tiempos modernos, con un carácter profético y de ciencia ficción, una obra que agitará conciencias y despertará a más de uno, todavía hoy, del gran sueño generalizado en el que vivimos. En resumen, Un mundo feliz reúne también esa característica típica de libros como Don Quijote o El lobo estepario: Vivir en un mundo en el que todo el mundo es falsamente feliz y en el que aquel que busca algo más allá de esa paupérrima superficialidad acaba sumido en la incomprensión y la desgracia.


Pero lo que verdaderamente me preocupa son los avances en materia de manipulación genética, otra de las cuestiones más actuales que nunca del libro, ya que actualmente, uno siempre podrá iluminar conciencias e intentar hacer algo por cambiar este país lleno de corrupción e hipocresía desde hace siglos (literalmente, siglos). Pero con un código ético y moral científico de discutible validez, quizás la profecía de Huxley se haga cierta y en un futuro el esperma de mis descendientes sea utilizado para crear cientos de Gammas-Más y la obra del brillante autor británico sea almacenada en los estantes de algún interventor mundial, al lado de Otelo o Luces de Bohemia…


Y para terminar, les dejo un tema de Pink Floyd que me encanta titulado The Trial, acompañado de unos esperpénticos dibujos animados. Que conste que no tiene que ver nada con el articulo, lo hago porque me da la gana

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