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martes, 19 de abril de 2016

SERES MOVIDOS POR IMPULSOS

Todos, o casi todos, hemos experimentado alguna vez ese sentimiento de afecto hacia una persona ajena o no a nuestro día a día. Son muchas las formas de encontrarnos con alguien que nos atraiga, ya sea por medio de trabajo, de estudio, o simplemente por mera coincidencia en un sitio concreto en el momento exacto de nuestra vida. No vengo a hablar de cómo hay que enamorarse (si bien se debería definir así al sentimiento de deseo sexual hacia otra persona, el cual no lo veo rentable para un diccionario), sino que me dispongo a que reflexione conmigo sobre cómo ha de llevarse una relación con una persona subjetivamente especial, lo cual es muy complejo y depende mucho de cómo sea cada uno. Tenga en cuenta que es una opinión personal como cualquier otra y puede estar sujeta a malas interpretaciones y errores. Allá vamos.

Digamos pues que en lugar de enamoramiento lo que surge es una atracción intensa simplemente, o progresiva según el caso dado. Es obvio que en los primeros contactos nuestro pensamiento gira en torno a esa otra persona, lo cual no es nada “sano” digamos. No obstante, esto es inevitable si realmente te gusta. Somos seres razonables dominados por los sentimientos al fin y al cabo, y eso nos lleva a tender hacia el pecado (o a lo inmoral para los cabezones de la religión y la lengua) en muchas ocasiones. La diferencia entre cada relación y entre cada ser humano al fin y al cabo reside en cómo progresa en su mente dicha relación cuando ya se ha superado esa primera fase de noviazgo tan novedosa como a la par intensa. Todos conocemos el típico caso de la pareja pegajosa, no nos hagamos los tontos. Si no lo conoces deberías salir más de casa y conocer a más gente. Esa pareja que deja a sus amigos de lado fingiendo un sentimiento de compensación basado en la mentira, queriendo unir en una persona a dos personas con vidas totalmente independientes que por mucho que se peguen no se van a unir. Sí, las parejas que se chupan entre ellas, las parejas que se quitan más vida de la que se dan, que quieren vivir sumergidos en una mentira intermitente el resto de su vida (aparentemente). Mi opinión es que esas relaciones están orientadas al fracaso ya sea en poco o en mucho tiempo, pues un ser humano como primer fin debe buscar la mejora de su naturaleza, su riqueza como persona, y el proporcionarle a otra persona un control injusto sobre ti no es viable. Está claro que con esto no quiero decir que querer a otra persona sea malo, o sea un sentimiento negativo, no tenemos que confundir lo que estoy describiendo con las parejas que han conseguido un grado de conexión tan extraordinario que se completan la vida uno al otro. Totalmente al contrario, es buenísimo, pero como todo, es favorable hasta cierto punto. En el término medio está la virtud, como diría Aristóteles.

Otro caso frecuente es la relación de pareja puramente atractiva basada simplemente en desfogarse de la rutina cuando se ven. En este caso estamos hablando de un error mucho más grave que en el caso anterior. Si nos viésemos sumergidos en una relación de este calibre, solamente bastaría con pararnos a pensar un momento para ver cómo estamos usando a la otra persona como si fuese un utensilio, como un objeto más al que tenemos fácil acceso, olvidándonos por un momento de que los objetos siempre están ahí pero las personas no, las personas se acercan y se alejan constantemente de nuestra vida. Muchas personas ven este caso como algo normal, como algo moderno, como algo a lo que hay derecho porque todos somos libres y conscientes de lo que hacemos. No, señor/a, a lo que yo me refiero es a la despreocupación que significa una relación así, pues no olvidemos que no estamos hablando del popular término “follamigos”, sino que nos ponemos en la situación de dos personas que “quieren quererse” a través de una portada puramente física. Claramente se preocupan por ellos, pero no por su relación sino por la visión que tiene el resto de la gente por susodicha. Pero bueno, las personas que suelen caer en este error están acostumbradas. Total, se pasan así toda su vida normalmente. Yo estoy completamente a favor de intentar una relación con cualquier persona porque para ti está bueno/a, en eso no hay problema, pues la primera impresión siempre es 100% física, y quien diga lo contrario miente ya que somos animales al fin y al cabo. Pero cuando entramos en el llamémoslo segundo nivel es donde confirmamos si realmente sentimos atracción por esa persona, conociendo su personalidad y su forma de ser. Son muchas las relaciones que perduran gracias a esto. Al fin y al cabo, un pene acaba cayendo, unas tetas acaban caídas, los culos empeoran, la cara envejece, y lo más importante es que nosotros no queremos pasar el resto de nuestra vida con alguien a quien detestamos ver. La esencia está en la conexión mental, cuando solamente con mirar al otro tenemos claro que los dos nos valoramos mutuamente, pues cuando una persona da más en la relación que su pareja nos enfrentamos ante un problema común muy palpable orientado a la confusión y al error, salvo en contadas ocasiones donde todo se arregla. Sin embargo, no preocuparse por cómo concebir una relación y malinterpretarla para usar a la otra persona como medio para conseguir un fin de placer, a largo plazo nos va a perjudicar. Somos seres que nos movemos por costumbres, por valores morales (siempre tendremos excepciones, está claro, pero hablo de forma general), por caprichos. Una relación comienza siendo un capricho, pues estarás de acuerdo conmigo con que catalogarlo de necesidad sería algo aberrante. Pero cuando ese capricho se convierte en costumbre es cuando algo falla, cuando algo lo estamos haciendo mal. Con esto pasamos así al tercer caso, el de las personas que necesitan una relación, que dicen o aparentan no poder estar solas.

Nuestro tercer caso es el que más me aterroriza, pues influye y empeora casi siempre la vida de cualquier ser pensante. Las personas, ya sean chicos o chicas, independientemente del sexo, de la edad, o de la etnia, que sienten la necesidad de tener una relación presente en su día a día son las que pecan a la misma vez de costumbre y de capricho, pero en este caso de una peor forma, pues se hace sin un pensamiento razonable previo. Cuando salimos a la calle vemos de vez en cuando a la típica persona de muy buen ver con el que nos daríamos un revolcón si se diese el caso y nadie lo supiese, hablando desde el instinto animal. Es tarea de nuestro cerebro darse cuenta de que tenemos algo que nos diferencia de los animales, que es la capacidad de reflexión y síntesis sobre cualquier cosa, sea en el caso que sea. Tenemos que saber lo que nos merece la pena y lo que no. Si todos nos guiásemos por sentimientos abstractos y por instintos, nuestra sociedad sería muy mecánica al estilo del libro “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, donde no hay ningún problema en tener una relación por probar, aunque a priori creas que no te va a gustar, e incluso se vea mal el no aceptar esta situación.

Con todo esto quiero llegar a la siguiente conclusión: para poder conocer a una persona primero debemos comenzar por conocernos a nosotros mismos. ¿Qué soy? ¿Cómo soy? ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿En qué podría ser de gran utilidad? ¿Estoy haciendo lo correcto? Después nos podríamos empezar a plantear un conocimiento profundo del prójimo. Estamos ante un problema muy grave: infinidad de personas buscan completarse conviviendo con una persona que complemente con él o ella, incentivando a su vez y prejuzgando una manera de ser de otra persona que debe de coincidir con lo que yo pienso que debe ser. Necesitamos valorar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos. Necesitamos amar lo que hacemos y dejarse de tanto amar a otros solamente. Tenemos que amarnos a nosotros mismos para poder amar a los demás, pues si no tenderemos a caer en el caso de la pareja pegajosa que se necesita constantemente para poder sentirse definidos en este mundo, ya que por separado siempre les va a faltar algo. Falta gente que valore lo que hace, que ame lo que hace, lo que dice, lo que piensa, y que esté orgulloso de ello. Hay que acabar con la “raza” que se ha creado en el siglo XXI del personaje en busca de la relación perfecta, el trabajo perfecto, con la familia perfecta. ¡Es imposible y no nos queremos dar cuenta! ¡Lo único que se puede intentar perfeccionar es a uno mismo, y aun así no se consigue tan fácil! Voy a terminar animando a los que han leído este artículo-reflexión a que nunca se encierren en un pensamiento, a que duden de lo que les gusta, que duden de su sexualidad, de sus costumbres, de su trabajo, de su familia, pues no siempre lo que hace la mayoría es lo correcto, y ni mucho menos hay que dejar que cuando muchas personas dicen una mentira esta se convierta en una verdad. Nacemos prejuzgados por la sociedad que nos rodea, la cual siempre nos quiere limitar a lo largo de nuestra vida. Ser diferente está mal visto, ser distinto a mucha gente le da asco. No tenemos por qué aguantar a una persona a lo largo del tiempo si esta no se merece nuestro cuidado, y por lo tanto para evitar esta confusión no debemos de seleccionar por seleccionar a nadie para confrontar una relación sentimental, ni tampoco cerrar nuestras puertas a nada.

Disculpen la trascendencia que ha tenido mi escrito, pasando del tema del amor a una temática más general abarcando trabajo, familia, salud, amigos, etc. Solo quería poner el amor de excusa para entrar en puntos más importantes le pese a quien le pese, que siempre serán la definición de uno mismo y la búsqueda de la felicidad individual, por muy sociales que seamos. Amen lo que hacen, y elijan bien a quién y cómo amar… ♥



miércoles, 2 de septiembre de 2015

Crítica literaria: Crimen y Castigo de Dostoievski



Sinopsis: Rodion Raskolnikov, un estudiante de San Petersburgo sin recursos económicos pero con síntomas de megalomanía, asesina a una usurera a la que considera una lacra social. Tras cometer el crimen, su vida se debate entre el amor que ha despertado en él Sonia, una joven prostituta, y el peso de los remordimientos tras el asesinato.

La obra principalmente ahonda en la psicología de nuestro protagonista, el cual se subsume en un cúmulo de sentimientos precipitados por la comisión de su crimen introduciendo al lector  en lo más profundo de la mente de Raskolnikov. El lector, consumido por las lamentaciones y delirios de grandeza del protagonista, termina planteándose preguntas sobre lo que ocurrirá dentro de la mente del estudiante y sobre cuáles son los móviles y las razones que impulsan al mismo a actuar de un modo o de otro. ¿Es Raskolnikov una persona capaz de distinguir entre el bien y el mal? Conjuga malas y buena acciones durante lo largo del relato. Todo siempre tiene un porqué, aunque, en el caso del extravagante Raskolnikov, ese “porqué”, está más escondido.

Este libro es la respuesta a una pregunta: ¿qué pasa cuando alguien mata? Fíjense en que el protagonista empieza a tener paranoias, miedos y brotes de locura después de matar a la vieja. El libro manda un mensaje: nadie permanece inalterable después de asesinar a una persona. ¿Cómo sentará matar a una persona, a pesar de que sea esta un cáncer social? Me pregunto a mí mismo después de leer esta obra. Arrebatar a una persona la vida, privarle del mayor de los bienes, con tus propios recursos, algo tan morboso y atractivo, maldita sea, te incita a practicarlo… Dostoievski nos devuelve a la realidad.

Recluido en su pequeño cuarto, mal iluminado, apenas amueblado, desgastado y tétrico, termina dejándose vencer, perdiendo el tiempo tirado en su camastro, meditando, recordando viejas ideas y analizando a la humanidad, llega, sin saberlo, a una decisión complicada... imposible describir sus pensamientos y razonamientos, pero, siendo atrevido, creo que la mejor descripción sería "El fin justifica los medios". Después de planearlo y repetirlo en su cabeza infinidad de veces, decide poner manos a la obra y librar al mundo de un gusano más, de un parásito que se alimenta de la sangre de los trabajadores honrados, una anciana que realiza empeños con altos intereses. El acto es cometido, pero pronto todo se sale de control, descubre que no todo estuvo correctamente planeado y el instinto de superveniencia toma control de él. Realiza otro asesinato más, apenas tiene tiempo de tomar cosas de valor y escapa como puede. Y aquí es donde comienza el "crescendo" de la novela, un Raskólnikov que cae totalmente enfermo, fiebre, debilidad y delirios, es cuidado por amigos y logra salir adelante, sin embargo la duda lo carcome, ¿todo quedo en orden?, ¿dejo algún cabo suelto?, ¿una pista que pueda ligar el asesinato con él?, ¡sus amigos!, ¿Victima de delirio habrá dicho algo mientras la fiebre lo controlaba? Todo lo correctamente planeado, queda destruido, sin embargo la noticia de la inminente llegada de su familia a la ciudad, la cual viene con una propuesta de matrimonio para su hermana, lo perjudica aún más. Las llamadas a la comisaria para investigar sobre su relación con la fallecida lo ponen aún peor. La culpa lo carcome. La eterna lucha interna de los individuos, batallando entre lo correcto, lo legal, lo que es necesario y lo que podemos hacer, es llevada magistralmente a un libro, Dostoievski nos envuelve en una serie de conflictos tal, que incluso nos lleva a dudar de nuestros propios principios, y sobre todo, nos implanta la duda sobre si nosotros seremos hombres o gusanos. Es decir, nos envuelve tanto en el personaje que podemos respirar la historia, podemos sentirla e incluso podemos confundir la realidad con esas sensaciones de maldad, que todos tenemos dentro, muy dentro... o quizás más cerca de la superficie. Con esta historia lo podremos descubrir. 

Una obra que usa como telón de fondo la miseria y desigualdad social de la Rusia zarista con personajes complejos y singulares. Absorbente, pero psicológicamente terrible. Esta novela, una de las más grandes e imperecederas de la literatura universal, contiene dos de los temas característicos de Dostoievski: la relación entre la culpa y el castigo y la idea de la redención, planteando con todo vigor el conflicto con una dicotomía entre el “Bien” y el “Mal”, desvirtuados y planteados desde un punto de vista metafísico, ese dualismo ético que es una constante en la obra del autor.

La obra contiene, también, soberbios diálogos que dan lugar a una catarata de reflexión, no ya presentados dentro de la psicología de los personajes, sino como ideas que podrían golear la mente de cualquier lector. Cabe mencionar al respecto un artículo escrito por Raskolnikov en el que justifica que ciertas personas más perfectas que otras puedan matar a otras si esto contribuye a su culminación como personas y puede redundar en un bien en la sociedad (de nuevo “El fin justifica los medios”).

Durante la comisión del crimen por parte de Raskolnikov y su brillante (o, mejor dicho, afortunada) ejecución se dejan entrever pinceladas del tema del crimen perfecto. Los diálogos entre el juez de instrucción Porfirii y Raskolnikov también son salpicaduras del mismo, dichos diálogos son simplemente magistrales, soberbios, te consumen y dotan a la obra de, además de un perfecto reflejo de las pasiones humanas mediante la profundización en la psicología de los personajes, un suspense que debería ser obligatorio en toda obra que pretenda ser calificada como obra maestra.

Las 100 primeras páginas son toda una lección del arte de narrar. La puesta en escena ya muestra a Raskolnikov como un personaje francamente inestable, nos deja una carta de la madre de Raskolnikov a su hijo que recrea perfectamente el amor de una madre a sus hijos y la búsqueda del asentamiento social, todo ello dentro de un brillante primer capítulo que finaliza con la perfecta narración del crimen cometido por el estudiante.

Cada personaje, un mundo, una aglomeración de emociones y sentimientos. Nos presenta Dostoievki un exquisito cocktail: la orgullosa Dunia (hermana de Raskolnikov), el noble Razumijin, el malvado y manipulador Svidrigáilov, el alcohólico y pusilánime Marmeládov, la desdichada Katerina Ivánovna, el egocéntrico Piotr Petróvich (que se autoproclamaría salvador de la familia de Raskolnikov) y la fuerte, pero castigada Sonia Semionovna.

En conclusión, Raskolnikov es una persona que busca probarse a sí mismo y ver si está por encima de la moralidad, del bien y del mal. El propio Nietzsche alabó al escritor ruso. De hecho, se pueden establecer similitudes entre el Superhombre de Nietzsche y la teoría que expone Dostoievski a través del protagonista. 

¿¡Qué es el arte sino el saber plasmar de manera precisa y detallada los sentimientos a través de distintas formas (la pluma, la palabra, la pintura, la música, la escultura...)!? Sólo por esa lógica, por el arte como cualidad de precisar (y producir) sentimientos, Crimen y Castigo, aunque extensa y enrevesada, debe ser (y es) considerada como una de las mejores obras literarias de todos los tiempos, porque la obra es dolor, remordimiento, infierno terrenal, pero también amor y esperanza.

Valoración: 9´5